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5 de abril de 2014

V. El sistema de agronegocios es antagónico con la agricultura y la soberanía alimentaria.

El desarrollo de la agricultura, campesinado y agronegocio

¿Es posible la convivencia?
23 de marzo de 2014
América latina seguirá siendo territorio de campesinados a pesar del neoliberalismo. Existe nuevamente una fuerte batalla intelectual, de sentidos, además de la diaria de los campesinos en territoritorio.

Por Norma Giarracca *
Alguna vez se dijo que el campesinado es la clase social que “incomoda”.
Incomodaba a los análisis esquemáticos: clase poseedora de bienes de producción, incluida la tierra, y los desposeídos por otro lado. Entonces, ¿dónde ubicar a campesinos que podían ser dueños de pequeñas parcelas, pero no acumulaban capital y permanecían pobres? El dilema se resolvía en el largo plazo porque los campesinos, dentro de tales esquemas analíticos, tenderían a desaparecer. Algunos se enriquecerían y se convertirían en pequeños capitalistas (lo que ahora llaman “agricultura familiar”) y otros en proletarios. Europa, donde estaban muy en boga estas teorías a comienzos del siglo, y sus partidos comunistas, muy satisfechos por la colectivización de la comuna rusa a fines de la década de 1920, se llevaron la sorpresa al finalizar la Segunda Guerra Mundial, cuando comprueban que en sus propias tierras, ejemplo de los avanzados capitalismos, los alimentos en gran proporción seguían proviniendo de economías campesinas. ¿Cómo es que a pesar de los vaticinios de su desaparición aún perduraban?, se interpelaron los estudios de italianos, franceses, españoles, suizos, pero también los ingleses mirando al “Tercer Mundo” (desde Journal of Peasant Studies, emblemática revista marxista ortodoxa, que aún perdura).
Si bien en América latina, con pasados indígenas campesinos muy a flor de piel, era difícil usar esos pensamientos “descampesinistas”, la matriz colonial de conocimiento orientaba a pensar que los campesinados eran una traba al progreso, al desarrollo y predecían que el mentado desarrollo capitalista, finalmente, terminaría con ellos. En la década del setenta del siglo veinte hubo un largo debate entre campesinistas y descampesinistas o proletaristas y, como siempre ocurre en las batallas de sentidos, estos últimos se convertirían en sustento de las políticas neoliberales que comienzan en la época: desde la reforma del artículo 27 de la Constitución de México para facilitar el uso capitalista de la tierra campesina hasta todo tipo de medidas desregulatorias.
Pero los campesinos tercamente permanecen produciendo aún con toda una batería de medidas en contra, el arrinconamiento, hostilidad y un discurso de desprestigio muy grande. Por eso fue muy importante en los noventa la aparición de Vía Campesina, una organización que incluía a los campesinos de todos los continentes, de todas las tradiciones culturales, de todas las lenguas. Solemos decir que la irrupción de Vía Campesina fue un problema para el capitalismo neoliberal, concentrador, que reemplaza los alimentos por los commodities. Con muy pocos puntos de consignas iniciales se convirtió en un opositor de imposible negociación con el poder, más bien lo desactivaba, lo corroía y expresaba la (im)posibilidad de otra política.
En el Foro Social Mundial inaugural en 2001, fue uno de los dispositivos fundamentales para pensar “otro mundo es posible”. ¿Es posible que la soberanía alimentaria, la diversidad biológica y cultural (banderas de Vía Campesina) convivan con el “agronegocio” (la agricultura convertida en actividad extractiva), como ahora se levanta en “mesas de diálogo”? Fue posible la convivencia con la agricultura capitalista, agroindustrial, previa al agronegocio. En el modelo de Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI), en México el campesinado producía para los mercados internos y la agricultura capitalista para exportación. En nuestro país, fue más difícil, ya que las zonas campesinas e indígenas fueron también las de desarrollo agroindustrial y se los utilizaba como mano de obra barata o trabajadores con tierra, subordinados a su propia lógica. El que coexistía con la gran agricultura era el “chacarero”.
Hoy es sumamente difícil la convivencia de campesinado y agronegocio en todo el mundo. No es posible a nivel agronómico, técnico, ni histórico-cultural. El “agronegocio” sólo quiere la tierra y los bosques campesinos, ni siquiera los necesita como mano de obra. Las poblaciones alrededor de las plantaciones sojeras parecen darse cuenta y llevan una resistencia irreductible; si no pueden convivir con humanos sin tierra, cómo convivir con agricultores con otra lógica productiva. Las resistencias campesinas a veces de modo explícito, otras implícito, suponen poner un límite a la existencia misma del agronegocio extractivista, no proponen convivir con él; tienen conocimientos y sufrimientos de sobra para saberlo imposible. También lo conocen bien los inversores sojeros o los importadores del maíz transgénico en México y los funcionarios internacionales y nacionales con formación economicista que creen que la “ley del valor” de la teoría clásica es como la ley de gravedad, imposible de evitar, y que los campesinos “deben” de-saparecer con la concurrencia al mercado.

Existe nuevamente una fuerte batalla intelectual, de sentidos, además de la diaria de los campesinos en territorio, ya que el “campesinado” es portador de significados históricos que no se pueden borrar con ninguna negociación posible y América latina seguirá siendo territorio de campesinados a pesar del neoliberalismo. Si hay algo que los campesinos saben por siglos es volver a empezar, y recordemos que ahora muchos ya se presentan abiertamente como Pueblos Indígenas, fortalecidos por sus cosmovisiones y técnicas de producción que les son propias. En México se autodenominan “comunidades autónomas” y en cada país deberán encontrar sus formas y denominaciones porque la humanidad, la tierra y los bienes comunes necesitan que esa forma de producción perdure.
* Socióloga. Titular de Sociología Rural. FCS-UBA.
Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-7547-2014-03-24.html

IV. El sistema de agronegocios es antagónico con la agricultura y la soberanía alimentaria.

CARTA AL OBISPO MONSEÑOR JORGE LOZANO

Jueves, 20 de Marzo de 2014 18:09 | Escrito por Jorge Rulli | 
Buenos Aires 21 de Marzo 2014
Monseñor Jorge Lozano
Comisión Episcopal de Pastoral Social
Conferencia Episcopal Argentina

Estimado Monseñor Lozano,
Padre Obispo, le escribimos en referencia a la iniciativa de 1ra misión de observación de la Mesa de diálogo para la agricultura sustentable, habida recientemente en los Juries, Añatuya, provincia de Santiago del Estero. Como cristianos y miembros de la iglesia Católica, escribimos estas líneas en simples términos evangélicos. Tratamos de inspirarnos en los ejemplos que Jesús nos dio sobre cómo hay que tratar a los que no quieren la vida y aman el dinero (Lucas 8:26–39, Lucas 4, Marcos 11:15-18).
Posiblemente sabrá acerca de la prolongada tarea del Grupo de Reflexión Rural del que formamos parte, para más información lo invitamos a que visite nuestra página www.grr.com.ar, así también como nuestro portal de noticias Parar el mundo: www.pararelmundo.com. Asimismo le acompañamos el escrito que le hiciéramos llegar en ocasión de la reunión de Pastoral habida tiempo atrás, en la ciudad de Mar del Plata y que le entregáramos en mano. Durante más de una década, junto a muchas personas víctimas de la agricultura industrial, académicos y organizaciones sociales, hemos resistido la implantación de un modelo ajeno a la escala y a la felicidad de nuestros pueblos, dando testimonio del estado de empobrecimiento creciente de los suelos, del aire envenenado por los agro-tóxicos, de las poblaciones expulsadas y de una biodiversidad devastada gracias al sistema que impuso los monocultivos de la soja transgénica. Apropósito de ello, puede UD consultar nuestro libro “Pueblos Fumigados” de Editorial del Nuevo Extremo.
Sentimos ahora con pesar, la necesidad de informarle que, la organización AAPRESID fue la principal facilitadora de los crímenes contra la vida a los que nos referimos. Está ello ampliamente documentado, no tan solo por los críticos al modelo sojero, sino también, por la trayectoria pública de la propia organización, sumamente protagónica en la implantación del modelo de los Agro-negocios, desde que se formó hace más de diez años. En verdad y bajo los engañosos discursos que se manejan, sobre la presunta sustentabilidad en la producción de transgénicos, resultan ser meros mercaderes de un modelo de agricultura industrial y química, que usa y abusa de una amplia batería de agro-tóxicos, y cuyas consecuencias han sido muchísimos desalojos rurales, deforestación y desmontes de millones de hectáreas, comprendiendo inclusive como consecuencias secundarias, la multiplicación de whiskerías y burdeles, en las rutas de la soja, alimentados con tráfico y trata de jovencitas para uso de los transportistas. 
En resumidas cuentas, que AAPRESID representa para nosotros la antinomia del amor a la vida, una energía que ama el dinero por sobre toda otra cosa, y que, representa intereses que para nosotros los creyentes, son intrínsecamente perversos y niegan nuestra humanidad y lo sagrado de nuestra humanidad. La pregunta que le hacemos a Usted ahora es la siguiente: Se hubiera sentado Jesús a dialogar con personajes de semejante bajeza moral? Se hubiera constituido de observador en una mesa donde las victimas dialogan con los victimarios y donde los victimarios persuaden a sus víctimas de que ese diálogo es fructífero, sabiéndose que el objetivo es su absorción al mismo proyecto que los ha empujado a la desposesión? Hubiera dejado de esa manera a los victimarios convencer a las víctimas que una COEXISTENCIA entre ambos modelos es posible?

Permítanos informarle que el gran proyecto a futuro de los socios de AAPRESID, ha sido anunciado hace unos días por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA). Según las proyecciones de los amantes del dinero, los crecimientos prometen ser todavía mucho más promisorios en los próximos años. Olvidan que la atmósfera del planeta ha superado las 400 ppm de CO2 y que todo futuro se ha hecho imprevisible… Para nuestro país el incremento proyectado para la soja, es de 6,6 millones de toneladas lo cual significará un crecimiento material para los poderosos, al mismo tiempo que aumentará el sufrimiento de nuestro pueblo. Algunos cronistas simpatizantes de AAPRESID dicen acerca de la producción en el cono sur, que “para cumplir con las proyecciones de mayores exportaciones elaboradas por el USDA, se debería aumentar la superficie de siembra de soja en Sudamérica en 14,3 millones de hectáreas. Desde el punto de vista práctico, es imposible aumentar la producción en base solamente a la expansión de las fronteras agrícolas, hace falta también un aumento de los rendimientos por hectárea. Y es aquí donde debemos considerar el aporte de la mejora genética en los rendimientos por hectárea. Si asumimos un incremento de los rindes, por mejora genética o biotecnología, de dos por ciento anual, el aumento de superficie necesaria seria de 12,7 millones de hectáreas, un número también muy alto considerando el actual potencial de expansión de la frontera agrícola de acuerdo con cada país”1.
Sin mirar a los pasados estragos del modelo que le hemos señalado, queremos trasmitirle nuestras certezas, de que la iniciativa de observación de la mesa de diálogo propulsada por la pastoral social, sólo terminará legitimando un proyecto devastador e inhumano que ha probado durante años que tiene como único fin el apoderarse del último grano, de la última semilla, del último rincón de nuestra tierra, del último manantial, del alma de la última persona libre, digna y solidaria. El sentarnos con ellos y pensar en llegar a un acuerdo es comprometer lo poco que nos queda de posibilidades de salir adelante en conjunto y como pueblo soberano. Este es un modelo de producción acordado a espaldas de la voluntad democrática de nuestro pueblo y deberíamos cuidar la esperanza y el anhelo de que alguna vez podamos reinstalar un modelo a escala humana, con arraigo y familias campesinas, armonioso con el medio ambiente y que se apoyaría en saberes ancestrales y en una genética de prolongados patrimonios, desde una agricultura cuyos desarrollos fueron interrumpidos por la llamada Revolución Verde a mediados del siglo anterior y que los sojeros reivindican como antecedente de sus éxitos productivos en la actual escalada hacia el colapso del planeta.
1 http://www.agripac.com.ar/analisis_adreani/ampliado.asp?id=55

Le pedimos disculpas Padre Obispo por el tenor de nuestras palabras en relación a un tema que ha comprometido nuestras vidas y en el que es posible, muchos no comprendan todavía cuáles son las proyecciones y los sufrimientos que realmente se debaten. Tenga la seguridad que hemos tratado muchas veces de acercar nuestra palabra a los representantes de la madre Iglesia, desde la época en que se distribuía Soja GM en los comedores de Cáritas, hasta el aciago día en que con una mayoría de CEOS de empresas de Biotecnología, Monseñor Sánchez Sorondo convocó en las Academias Pontificias de Roma, un seminario sobre plantas transgénicas. Le rogamos sea indulgente con la pasión que en esta cuestión comprometemos y que se guie por el espíritu que conllevan y por la buena voluntad que expresan. Rogamos por UD, ruegue UD por nosotros y la difícil lucha que llevamos.

Por el Grupo de Reflexión Rural (GRR)
Adolfo Boy
Andrés Dimitru
Elizabeth Jacobo
Lilian Joensen
Maximiliano Mendoza
Fernando Rovelli
Jorge Rulli
Stella Semino
Jorge Rulli, Rondeau 812 Marcos Paz 1727 Provincia de Buenos Aires Tel. 54 220 4773545 www.grr.org.ar / www.pararelmundo.com / Ecoteología Ecuménica en Facebook

III. El sistema de agronegocios es antagónico con la agricultura y la soberanía alimentaria.

3 enero 2014

Chile: ¡Las y los campesinos, los indígenas y sus organizaciones SI entendemos perfectamente los propósitos de la Ley de Obtenciones Vegetales! ¡Por eso decimos NO a su aprobación

"Es un proyecto de ley que atropella derechos fundamentales y pone en peligro nuestra soberanía, en función de proteger los intereses de un puñado de megaempresas, entre las que se destacan Monsanto, Bayer, BASF, Dow, DuPont y Syngenta."
Hace algo más de una semana escuchamos al Sr. Ministro de Agricultura Luis Mayol decir con arrogancia que la oposición cada vez más amplia al proyecto de Ley de Obtenciones Vegetales se debía a que quienes no queremos su aprobación “no entendemos nada.” Las aseveraciones del señor Ministro demuestran que quien no entiende y quien no quiere escuchar es él y las autoridades del actual gobierno. Hemos explicado detallada y reiteradamente las razones para rechazar el proyecto de ley, y hemos fundamentado nuestra posición de manera clara y precisa. Explicaremos nuevamente nuestra posición aquí, a fin de que la opinión pública no se confunda con la arrogancia del Ministro Mayol. Ojalá las autoridades de gobierno esta vez escuchen.
El proyecto de ley pone fin y nos arrebata un derecho histórico a quienes hacemos agricultura: cuidar, conservar, reproducir y compartir las semillas de manera libre y responsable. Este derecho es el que ha permitido que las semillas agrícolas se esparzan por el mundo y el proyecto de ley lo convierte en delito. Si el proyecto de ley se aprueba y seguimos haciendo lo que hemos hecho siempre -cuidar y reproducir las semillas- podremos terminar en la cárcel, pagando multas y con nuestros cultivos confiscados. Al privatizar una semilla, las empresas nos prohibirán reproducirla y nos obligarán a comprarla todos los años. El proyecto de ley contempla crear una serie de mecanismos de control que nos obligarán a abrir nuestras casas y bodegas a todo tipo de inspecciones. A cambio de ello, las grandes empresas semilleras, Monsanto, Syngenta, Bayer, Von Baer, etc., podrán tener un monopolio creciente sobre las semillas que nos alimentan. (Para información del Sr. Mayol, nos referimos aquí a los Artículos 39, 51 y 52)
El proyecto de ley permite que las empresas semilleras se apropien de nuestras semillas, ya que les permite privatizar las semillas que ellos “descubran”. Es imposible descubrir una semilla agrícola, ya que todas ellas son producto del trabajo y cuidado de las comunidades y pueblos del campo; cuando alguien “descubre” una semilla está “descubriendo” el trabajo de otros. Permitir la privatización de una semilla “descubierta” es en realidad permitir el despojo de un patrimonio colectivo y popular. (Sr. Mayol, nos referimos aquí al Artículo 2)
El proyecto de ley busca imponer el absurdo de que a las empresas se les concederá propiedad incluso sobre las semillas que se parezcan a las que han privatizado, sin importar cuanto tiempo hayan existido y estado circulando en el campo. Por lo tanto, todas nuestras semillas están en peligro. (El Sr. Mayol puede verificar el último párrafo del Artículo 39 del proyecto de ley.)
Las autoridades y los representantes empresariales han dicho falsamente que las semillas campesinas estarán protegidas, porque para poder privatizar una semilla, ésta tiene que ser nueva y distinta. Lo que no dicen es que el concepto de “nuevo” y “distinto” se define como aquellas semillas que no han sido comercializadas por una empresa o no estén en un catastro público. Las empresas podrán privatizar toda semilla que no esté en un catastro y no haya sido vendida por una empresa, sin importar si ha sido utilizada por generaciones y generaciones. (El Sr. Mayol puede consultar los Artículos 6 y 7)
También se ha dicho falsamente que se incluirá “excepciones” para la agricultura campesina. Lo único que el proyecto de ley toleraría es que para ciertos cultivos se nos obligue a comprar semillas año por medio y no todos los años. Las empresas adquirirán poderes para obligarnos a abandonar nuestras semillas y el compartir o intercambiar con vecinos e incluso parientes será delito. (Sr. Mayol, véase los Artículos 48 y 50)
Otra falsedad es que necesitamos esta Ley para asegurarnos tener semillas de buena calidad. Absolutamente nada en el proyecto de ley exige calidad a las empresas; por el contrario le da poderes a las empresas semilleras para que impidan la importación de semillas de mejor calidad que las que ellos comercialicen. (Nos referimos aquí a los Artículos 5 y 39, por ejemplo)
Actualmente existe una ley de Obtenciones Vegetales que protege más que adecuadamente los intereses de las empresas semilleras y que ya vulnera gravemente los derechos y posibilidades de producción de las comunidades campesinas e indígenas. No necesitamos una ley que empeore significativamente el desequilibrio ya existente. (Señor Mayol, hablamos de la Ley 19.342)
Estas son sólo algunas de las razones por las que muchas organizaciones y sectores sociales nos oponemos a este proyecto de ley. Es un proyecto de ley que atropella derechos fundamentales y pone en peligro nuestra soberanía, en función de proteger los intereses de un puñado de megaempresas, entre las que se destacan Monsanto, Bayer, BASF, Dow, DuPont y Syngenta. Nuestra campaña de información y debate permitió que 21 Senadores de la República se comprometieran a votar en contra de este proyecto de ley y logró que la Senadora Von Baer declarara públicamente que no votaría para no caer en un evidente conflicto de intereses.
Desde las organizaciones de la CLOC-VC conjuntamente a los movimientos ambientalistas y ciudadanos conscientes demandamos que el Sr. Mayol y otras autoridades gubernamentales abandonen sus falsos argumentos y que las y los Honorables Senadores lleven a cabo el compromiso adquirido. Igualmente, llamamos también a estar alertas y en movilización permanente, especialmente el lunes 6 de enero frente a las oficinas del Congreso en Santiago, y el día 7 frente al Parlamento en Valparaíso para impedir que triunfen los intereses que representa el Sr. Mayol.
CLOC – Vía Campesina – Chile, ANAMURI, Confederación Ranquil, CONAPROCH, AMNI, Marcha Mundial de Mujeres Chile, GRAIN, CET SUR
Santiago 2 de enero 2014

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Campaña Yo No Quiero Transgénicos en Chile,  Declaración Pública
17/03/2014
Doble triunfo ciudadano: Ley Monsanto y Convenio UPOV 91 en retirada
El retiro de la ley Monsanto de privatización de la semilla campesina por el gobierno, significa un doble triunfo ciudadano: Chile continuará sin adherir  al convenio UPOV 91 y las organizaciones opositoras al proyecto trabajaremos por nuestra propuesta alternativa, que busca fortalecer la producción agroecológica y la agricultura familiar campesina.  El amplio movimiento generado en el campo y la ciudad contra la Ley Monsanto y en defensa de semillas libres de patentes, transgénicos y plaguicidas, forzó a la Presidenta Bachelet y su coalición de gobierno a anunciar el 17 de marzo el retiro de este proyecto,  enviado al parlamento en 2009 por la propia presidenta.

La iniciativa (Ley de Obtentores Vegetales), combatida  entre otros por la Campaña Yo No Quiero Transgénicos en Chile, RAP-Chile, ANAMURI, y diversas organizaciones y personas,  entregaba a transnacionales como Monsanto, Syngenta, Pioneer/Dupont y Bayer, productoras de semillas híbridas y transgénicas , amplias garantías a costa de los derechos de los campesinos y campesinas y del patrimonio genético del país.
Masivas movilizaciones en ciudades y localidades, intercambios de semillas, y un inédito y creativo bombardeo virtual de redes sociales con listas “verdes y rojas” de parlamentarios; velatones, ferias orgánicas, foros ciudadanos,  e intervenciones  en las sesiones de la comisión de agricultura de ambas cámaras, estuvieron entre las actividades desplegadas. Agradecemos y valoramos todas y cada una de estas expresiones del amor de nuestra gente por la semilla y por los alimentos sanos.

La ex senadora Ximena Rincón, actual  ministra secretaria general de gobierno, encabezó en el Senado la oposición a este proyecto de ley. A medida que los ciudadanos comenzamos a ejercer vigilancia sobre la postura de los senadores, una mayoría de legisladores se informó y se unió a quienes  se opusieron tempranamente a la ley, como Rincón y  los senadores José Antonio Gómez, Alejandro Navarro, Jorge Pizarro y Jaime Quintana.  En 2013 Michelle Bachelet, interpelada por Tierra Nueva en Limache y en Temuco por la Red de Semillas Libres del Wallmapu,  reconoció que la iniciativa impactaba negativamente en la soberanía alimentaria y la biodiversidad; y en sus regiones, los  senadores Eugenio Tuma y  Juan Pablo Letelier se manifestaron  contra la Ley Monsanto.

La defensa de la semilla
Las guardadoras de semillas, productores como BioBio Orgánico, las mujeres campesinas e indígenas, los agricultores biodinámicos, junto a organizaciones socio-ambientales y consumidores interesados en optar por alimentos sanos y seguros,  formaron el corazón del movimiento de defensa de la semilla. Partimos hace seis años en un contexto de generalizada desinformación sobre los riesgos planteados por esta iniciativa,  y sobre el rol monopólico de la transnacional Monsanto que desarrollaba un intenso pero secreto  lobby  por el convenio UPOV 91. Ese convenio no nació al alero de Naciones Unidas, es un convenio ideado por privados, obtentores con respaldo de gobiernos de diversos países del mundo y se actualiza periódicamente para generar mayores ganancias a estas empresas. Hicimos ver que varios de los países que registran sus semillas híbridas en Chile, tales como Nueva Zelanda y Holanda no están adscritos al UPOV 91 y tampoco lo están países que valoran altamente su patrimonio genético como Brasil, Perú y China, por lo que es innecesario firmar la actualización del año 1991 (UPOV 91) de ese convenio.
En los últimos años  se redescubrió en Chile y en el mundo el valor de la agricultura familiar campesina, y de la agroecología como alternativas reales para enfrentar problemas como el cambio climático, y la necesidad de contar con más y mejores alimentos para la población. Agua, tierra y semillas son componentes esenciales para lograr la soberanía alimentaria, objetivo perseguido por la campaña YNQT en Chile, entendido como el derecho de todos y todas a decidir libremente sobre los alimentos que cultivemos, compremos y cocinemos, tomando en cuenta nuestra cultura tradicional y sin que esto quede en manos de las transnacionales que monopolizan el comercio de la semilla.

Nuestra propuesta de Ley de Semillas
Una nueva Ley de Semillas que remplace al proyecto que logramos abortar, y que nos permita avanzar hacia la soberanía alimentaria, debe incorporar entre sus contenidos  el establecimiento de  programas de producción y distribución de semillas campesinas  locales, y la no interferencia en  los intercambios de semillas entre comunidades y organizaciones, permitiendo la comercialización de semillas locales y reconociendo el rol y autonomía de las comunidades locales en la recuperación de semillas tradicionales para el campo y los huertos urbanos.

Nuestras propuestas irán además en el sentido de apoyar la moratoria a los cultivos transgénicos como forma de protección de la biodiversidad y del etiquetado de los alimentos con transgénicos, que consagra el derecho de los consumidores a optar por alimentos sanos. Nos proponemos también lograreliminar del registro de SAG los plaguicidas altamente peligrosos (PAP) y dañinos para las abejas, y apoyar en cada Región de Chile la creación de ferias locales y poderes de compra de los organismos del Estado, tales como hospitales y escuelas,  para permitir el abastecimiento de la población con alimentos agroecológicos producidos en forma sana y sin agrotóxicos.

Celebramos el retiro de esta Ley uniéndonos a las movilizaciones que se desarrollarán  el sábado 22 de marzo  Día Mundial del Agua en el país, camino a la marcha del 26 de Abril en Santiago, porque para ejercer la soberanía alimentaria  tenemos que recuperar el derecho al agua, la tierra y la semilla.
Ya atajamos la Ley Monsanto y el Convenio UPOV 91.
¡Ahora vamos por la recuperación del agua para ejercer la soberanía alimentaria! 
www.yonoquierotransgenicos.cl                  twitter jpg.jpg @YNQTransgenicos  


II. El sistema de agronegocios es antagónico con la agricultura y la soberanía alimentaria.


Leyes de semillas en América Latina: una ofensiva que no cede y una resistencia que crece y suma
GRAIN | 18 octubre 2013 | Against the grain
Introducción
Los intentos por privatizar las semillas continúan desplegándose globalmente de las manos de los gigantes corporativos del agronegocio. Detrás de ellos hay un objetivo claro de apropiarse de las semillas de manera monopólica y de convertir la práctica histórica y milenaria de mantener y reproducir semillas en un delito. América Latina no está libre de tales ataques.
Aunque la agresión tiene actualmente como punta de lanza las leyes UPOV, lo que en realidad se vive es una andanada de leyes, decretos y regulaciones que incluyen patentes sobre eventos biotecnológicos, normas sanitarias, normas de comercialización, leyes de certificación, registros varios, reglas tributarias, las mal llamadas “buenas prácticas agrícolas”, programas de investigación, políticas de establecimiento de mercados de semillas y más.


Ya en el año 2005 decíamos “Observadas hoy en día, todas las leyes de semillas refieren a la represión. Tratan acerca de lo que los agricultores no pueden hacer. Dictan qué tipo de semillas no pueden venderse, no pueden intercambiarse y en algunos casos incluso no pueden usarse. ¡Todo en nombre de la regulación comercial y la protección de los productores agrícolas! En este sentido, las leyes de semillas se complementan con los regímenes de derechos de propiedad intelectual (DPI) como la protección de variedades vegetales y las patentes. Los dos tipos de leyes — regulaciones para la comercialización y derechos de propiedad— se refuerzan mutuamente. 1
Si algo ha cambiado desde entonces, es que las estrategias de privatización se han multiplicado y se han hecho más extremas y ambiciosas. Lo que empresas y gobiernos no esperaban es que simultáneamente se han multiplicado las resistencias desplegadas a nivel nacional y regional. 


¿Que es UPOV? (...)

 El saco sin fondo de las ambiciones empresariales
Las leyes de semillas que hoy buscan imponerse son una aplicación irrestricta y a menudo ampliada de UPOV 91. Por lo tanto,
a) Permiten la privatización de variedades “descubiertas”, lo que además de ser absurdo desde el punto de vista de los supuestos principios de la propiedad intelectual (que dice privatizar sólo lo inventado), es un absurdo en el ámbito de las semillas, ya que toda variedad vegetal es obra humana. En otras palabras, las nuevas leyes permiten a las empresas o centros de investigación apropiarse del trabajo ajeno, más específicamente de las semillas campesinas. Este robo se ve facilitado por el hecho que la circulación de una variedad por circuitos locales campesinos no impide que quien se apropie de ella la defina como “nueva”.
b) El robo luego es llevado hasta límites impensables cuando las nuevas leyes expanden la propiedad otorgada a toda variedad “similar”, sin importar cuánto tiempo ella haya existido. Es decir, las leyes UPOV buscan imponer un robo con retroactividad. Una cláusula como ésta fue incluida en la resolución 970 del ICA en Colombia, inclusión que fue uno de los detonantes del Paro Agrario que se llevó a cabo en Colombia y que obligó al gobierno colombiano a retirar tal resolución.
c) Las sanciones contra quienes no obedezcan el absurdo aumentan significativamente, permitiendo la confiscación no sólo de las semillas que se consideren “ilegales”, sino también de los cultivos, plantaciones, cosechas y productos elaborados que provengan de tales semillas. Los procedimientos judiciales para tales confiscaciones serán del tipo sumario, lo que significa que se harán de manera rápida y con poca exigencia de pruebas. La experiencia práctica permite temer fundamentadamente que las empresas desplegarán estrategias de acusaciones múltiples sin mayores pruebas para amedrentar a campesinos y agricultores “díscolos”. La situación se agrava más aún por el hecho que al empresariado se le otorga explícitamente la posibilidad de perseguir penalmente a los agricultores, imponiendo penas de cárcel.
Este es el corazón de las leyes UPOV. Otros elementos altamente dañinos también han sido introducidos en algunas propuestas de ley. El proyecto chileno inicialmente entregaba el control de la aplicación de la ley a las empresas semilleras, creando de facto una policía privada. El proyecto argentino crea un registro obligatorio de usuarios de semillas, lo que significa que todo el que quiera sembrar debe registrarse.
Pero los intentos de privatización van más allá de UPOV. La certificación y las leyes de comercialización han sido centrales en la privatización de semillas de México y Colombia. Brasil está utilizando normas de comercialización. En Argentina avanza la privatización de eventos biotecnológicos y en todo el Cono Sur las empresas están creando su mundo legal paralelo a través de la imposición de contratos privados para cobro de regalías. A ello se agregan casi universalmente las políticas crediticias y de asistencia técnica que exigen el uso de semillas provenientes de las empresas o de los centros de investigación.
Todos estos mecanismos actúan conjuntamente y complementándose para desde distintos frentes intentar el fin último del control absoluto de las semillas.

La resistencia crece y se multiplica
Pero también es en América Latina donde las resistencias se están expresando de manera más contundente y donde los pueblos han logrado frenar en muchos países estos intentos de doblegar su autonomía. A continuación hacemos un recorrido por la situación en los diferentes países donde el protagonismo popular y campesino ha sido clave para detener estos avances corporativos y donde las luchas hoy continúan cada día.
Chile
La ofensiva de UPOV en Chile difiere poco de lo que está intentando imponer en muchos otros países. Diversos artículos facilitan la apropiación de semillas locales por parte de las empresas, criminalizan el uso de semillas propias por parte del campesinado, e imponen elementos absurdos como que aquellas empresas que registran alguna variedad como propia luego pueden impedir el uso de cualquier semilla que se le parezca. Y la amenaza de la confiscación de semillas, cultivos y plantaciones es parte de las nuevas que se imponen a las familias campesinas que osen continuar haciendo lo que han hecho toda su vida.
Lo que las empresas y el gobierno no esperaban es la reacción social que poco a poco se ha ido construyendo en Chile. La ley de semillas de acuerdo a UPOV 91 fue aprobada en primer trámite en el año 2010, a pesar de la fuerte oposición de diversas organizaciones campesinas — especialmente de ANAMURI y de la CLOC-VC —, así como de grupos de la sociedad civil.
A pesar de esta primera derrota, las organizaciones siguieron informando y denunciando los contenidos de la ley, por lo que cuando Chile adhirió al Convenio UPOV 91, la oposición fue muchísimo más amplia y activa, lo que llevó a un grupo de senadores a solicitar que el Tribunal Constitucional declarara la inconstitucionalidad de esta adhesión. Aquí se sufrió una nueva derrota, pero el trabajo de información siguió y se amplió, entre otros medios, a través de las muchas movilizaciones sociales que se han realizado en el país desde 2011.
Actualmente, el rechazo a la privatización de las semillas y a la Ley UPOV 91 es una preocupación nacional y transversal que hasta hace poco había impedido que la ley fuese aprobada en segundo trámite. Sin embargo, el gobierno de derecha —bajo la presión del gobierno de Estados Unidos— le dio urgencia a este segundo trámite, intentando empujarla sin que las organizaciones pudiesen reaccionar. La movilización esta vez fue a nivel nacional y por todo tipo de medios, desde marchas en todo el país que causaron gran impacto, a campañas de información por internet, a programas de radio, entrevistas por televisión, a talleres de información en comunidades rurales, universidades, reuniones con autoridades religiosas, conversaciones e intercambio de información con senadores, etc.
El impacto de miles de personas movilizándose, presionando a senadores y protestando, fue suficientemente fuerte como para romper al menos parcialmente el férreo cerco informativo que se vive en Chile y para convencer a una mayoría de los senadores (21 de 38) a comprometerse a votar en contra del proyecto de ley.
Ante esta nueva situación, el gobierno retiró la ley de la votación, con el fin de postergarla hasta después de las elecciones que se harán en noviembre de 2013, cuando varios de los senadores actualmente comprometidos contra la ley habrán cesado sus labores parlamentarias.
A la fecha en que se escribe esta nota, comienzos de octubre de 2013, las organizaciones campesinas y de la sociedad civil seguirán movilizándose para exigir que el voto de rechazo se haga efectivo a la brevedad.
Argentina
El Proyecto de modificación de la Ley de Semillas en Argentina es fruto de un lobby concreto de Monsanto que comenzó en el 2003 cuando la empresa comenzó a solicitar que se cambiara la Ley de Semillas para garantizar la “seguridad jurídica” de sus inversiones en transgénicos. En ese entonces no encontró ecos en el gobierno y anunció que se retiraba del país no introduciendo nuevos eventos. En su lucha por el cobro de regalías, Monsanto frenó embarques enteros de soja transgénica en puertos de Europa con demandas judiciales porque contenían genes de su propiedad y Argentina no admitía el pago de regalías. Finalmente esta demanda fue ganada por Argentina cuando los tribunales europeos desestimaron la demanda de Monsanto.
Si bien durante los últimos años de la década pasada el gobierno anunció en varias ocasiones que iba a presentar una nueva Ley de Semillas al Congreso fue recién en el año 2012 que se produce un radical cambio de postura sobre el tema. En junio del 2012 la presidenta Cristina Fernández anuncia en el Consejo de las Américas que a partir de sus conversaciones con Monsanto la empresa volvería a realizar inversiones en el país con eje en una planta de procesamiento de maíz transgénico en el Barrio Malvinas Argentinas en la Ciudad de Córdoba.
A los pocos meses, en una conferencia de prensa conjunta, el Ministro de Agricultura Norberto Yahuar y Pablo Vaqueros, Presidente de Monsanto Argentina anunciaron la aprobación y lanzamiento de la nueva soja transgénica RR2 “Intacta” (resistente al glifosato e insecticida) y la modificación de la Ley de Semillas para proteger a los inversores por “los grandes gastos que tienen”. El compromiso allí explicitado fue presentar la Ley al Congreso antes de fines del 2012 para que fuera tratada y aprobada.
La reacción de las organizaciones sociales no se hizo esperar y fue mucho más contundente cuando se hizo público que el borrador en discusión estaba siendo negociado en secreto dentro del Ministerio de Agricultura por las grandes cámaras semilleras y los grandes terratenientes del país. El rechazo a la modificación de la Ley de Semillas se extendió ampliamente en la sociedad y diferente colectivos incluyeron la demanda en diferentes actividades, movilizaciones, charlas y documentos.
Los análisis de las organizaciones sociales de una copia filtrada del proyecto en discusión encontraron que el mismo introducía, a partir de modificaciones en el articulado de la Ley vigente (que data del año 1973), casi todos los contenidos de UPOV 91 y las restricciones que esta norma impone.
El Movimiento Nacional Campesino Indígena junto a Amigos de la Tierra y GRAIN comenzó una campaña de recolección de firmas que hacia fines de noviembre contaba ya con más de 500 adhesiones de organizaciones sociales y más de 3 mil 500 firmantes particulares.
El documento “10 motivos para luchar contra el proyecto de ley que pretende privatizar las semillas en la Argentina” 4 expresa que “la ley propuesta no protege los conocimientos ni la biodiversidad; sólo fomenta la privatización y protege la propiedad sobre lo que es un patrimonio colectivo de los pueblos, especialmente de las comunidades campesinas y los pueblos indígenas. De esta forma expande un principio inaceptable, el de que es posible y aceptable privatizar los conocimientos y diversas formas de vida” y que “Abre las puertas para que se profundice la expropiación y privatización de la biodiversidad agrícola y silvestre de Argentina. El proyecto de ley hace posible la mayor privatización de los recursos genéticos y de la biodiversidad nativa de Argentina al expandir los llamados derechos de obtentor sobre las especies vegetales”. Además “ilegaliza o restringe gravemente prácticas que han estado en vigencia desde los inicios de la agricultura, como es el seleccionar, mejorar, obtener, guardar, multiplicar e intercambiar semilla libremente a partir de la cosecha anterior”.
El documento concluye con un llamado a “Rechazar un proyecto de ley que atenta gravemente contra el conjunto de los habitantes de nuestro país. La agricultura tiene un carácter eminentemente social, puesto que tiene la función de sustentar y alimentar a toda la población.
El extendido rechazo que muy pronto encontró eco en varios sectores del oficialismo produjo que el Proyecto nunca ingresara al Parlamento, lo que fue entendido por las organizaciones como una victoria parcial. Durante los primeros meses del año 2013 el Ministro de Agricultura expresó que por ser un año electoral el Proyecto no sería enviado al Congreso pero ante evidentes nuevas presiones de Monsanto a las pocas semanas el Secretario de Agricultura anunció que ni bien concluyeran las elecciones el Proyecto ingresaría al Congreso.
Mientras tanto Monsanto no permanece en actitud de espera si no que mantiene su ofensiva obligando a los compradores de la nueva soja transgénica rr2 “intacta” a firmar un “contrato de regalías extendidas”. Monsanto informa en su página web para esta soja 5 que "Los productores  que deseen optar, a su criterio y decisión, por utilizar semillas de soja conteniendo la tecnología intacta rr2 deberán suscribir con Monsanto una licencia limitada de uso de la tecnología". Una particular manera de entender el “criterio propio y decisión” de los productores que ronda la ilegalidad.
La movilización y la atención de la sociedad sigue de cerca cada paso que se da tratando de avanzar con La ley y hoy está presente en la lucha que los vecinos de la Asamblea Malvinas Lucha por la Vida y las Madres de Barrio Ituzaingó Anexo están dando en el Bloqueo a la Planta que Monsanto está intentando construir allí y que lleva mas de tres semanas de bloqueo.

Colombia
En abril del año 2102 el Congreso de la República de Colombia aprobó la Ley 1518 por medio de la cual se aprobó el "Convenio Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales" cumpliendo los “deberes” que el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos le imponía para proteger los intereses de las grandes corporaciones del agronegocio. (…)
Fuente: http://www.grain.org/article/entries/4801-leyes-de-semillas-en-america-latina-una-ofensiva-que-no-cede-y-una-resistencia-que-crece-y-suma
 

I. El sistema de agronegocios es antagónico con la agricultura y la soberanía alimentaria.

Extractivismo y agricultura industrial o cómo convertir suelos fértiles en territorios mineros.
GRAIN | 30 January 2013 | Biodiversidad - Ene 2013
La agricultura, de la mano de la interacción/diálogo/crianza mutua de los seres humanos con los suelos, las semillas, la biodiversidad y el agua han sido la base la alimentación de la humanidad durante los últimos diez mil años y son esos saberes, esas semillas y esos agricultores los que hoy la siguen alimentando.

Según el Diccionario de la Real Academia agricultura es: “Labranza o cultivo de la tierra”, “Arte de cultivar la tierra” y “Dar a la tierra y a las plantas las labores necesarias para que fructifiquen”. La definición no deja lugar a dudas: un arte implica práctica manual, saberes, tecnologías, transmisión oral, creatividad, evolución. La labranza, el cultivo y las labores necesarias para la fructificación involucran la participación activa y comprometida de las personas en todo el proceso que va de la preparación del terreno a la cosecha y los cuidados posteriores del mismo.
La agricultura representa la mayor tarea de construcción de saberes de manera colectiva en diálogo con la naturaleza que los seres humanos hemos logrado a lo largo de toda nuestra historia. Quizás la única que se le pueda comparar es la del conocimiento del uso de las plantas medicinales que desde el momento en que comenzamos a cultivar la tierra estuvieron profundamente integrados.

Los suelos, ecosistemas vivos. Los suelos son una delgada capa que cubre más de 90% de la superficie terrestre del planeta. No son sólo polvo y minerales. Son ecosistemas vivos y dinámicos. Un suelo sano bulle con millones de seres vivos microscópicos y visibles que ejecutan funciones vitales. Es capaz de retener y proporcionar lentamente los nutrientes necesarios para que crezcan las plantas. Puede almacenar agua y liberarla gradualmente en ríos y lagos o en los entornos microscópicos que circundan las raíces de las plantas, de modo que los ríos fluyan y las plantas puedan absorber agua mucho después de que llueva.1
Es clave la materia orgánica del suelo —una mezcla de sustancias originadas de la descomposición de materia animal y vegetal; sustancias excretadas por hongos, bacterias, insectos y otros organismos. En la medida que el estiércol, los restos de cosecha y otros organismos muertos se descomponen, liberan nutrientes que pueden tomar las plantas y usarlos en su crecimiento y desarrollo. Las moléculas de materia orgánica absorben cien veces más agua que el polvo y pueden retener y liberar hacia las plantas una proporción similar de nutrientes. La materia orgánica contiene moléculas que mantienen unidas las partículas del suelo protegiéndolo contra la erosión y volviéndolo más poroso y menos compacto. Esto permite al suelo absorber la lluvia y liberarla lentamente a los ríos, lagos y plantas y dejar que crezcan las raíces de las plantas. Conforme crecen las plantas, más restos vegetales llegan o permanecen en el suelo y más materia orgánica se forma, en un ciclo continuo de acumulación. Este proceso ha ocurrido por millones de años y fue uno de los factores clave en la disminución del dióxido de carbono en la atmósfera millones de años atrás, lo que hizo posible la emergencia de la vida en la tierra tal y como la conocemos.
La materia orgánica se encuentra sobre todo en la capa superior del suelo (la más fértil). Es propensa a la erosión y necesita ser protegida por una cubierta vegetal que sea fuente permanente de nueva materia orgánica. La vida vegetal y la fertilidad del suelo son procesos que se propician mutuamente, y la materia orgánica es el puente. Pero es también alimento de las bacterias, hongos, pequeños insectos y otros organismos que viven en el suelo y convierten el estiércol y los tejidos muertos en nutrientes y en las increíbles sustancias descritas, que al alimentarse descomponen la materia orgánica. Ésta debe ser repuesta constantemente; si no, desaparece poco a poco del suelo.
Los pueblos rurales de todo el mundo tienen un profundo entendimiento de los suelos. En su experiencia han aprendido que hay que cuidarlos, cultivarlos, alimentarlos y dejarlos descansar. Muchas de las prácticas comunes de la agricultura tradicional reflejan estos saberes. Aplicar estiércol, residuos de cultivos o compost, nutre el suelo y renueva la materia orgánica. El barbecho, en especial el barbecho cubierto, tiene como fin que el suelo descanse, de modo que el proceso de descomposición pueda realizarse en buena forma. La labranza reducida, las terrazas, el mulch y otras prácticas de conservación protegen el suelo contra la erosión, para que la materia orgánica no sea arrastrada por el agua. A menudo, se deja intacta la cubierta forestal, se la altera lo menos posible o se la imita, de forma que los árboles protejan el suelo contra la erosión y provean de materia orgánica adicional. Cuando a lo largo de la historia se olvidan o se dejan de lado estas prácticas, se paga un alto precio.
La imposición de la agricultura industrial. Pese a todos estos saberes y a la efectividad de este modelo agrícola (en realidad miles de modelos agrícolas adaptados a los distintos ecosistemas, climas y regiones) en la segunda mitad del siglo veinte se logró instalar en la opinión pública y las políticas agrícolas la noción de que el hambre en el mundo era fruto de las carencias de esa forma de hacer agricultura y se impulsó una “revolución verde” con su paquete de tecnología, agrotóxicos, semillas bajo control corporativo y monocultivos.
Como lo reiteramos en GRAIN, esta “revolución verde” no fue más que la excusa con la que las corporaciones del agronegocio intentan apoderarse de todo el sistema alimentario para incrementar sus ganancias, especular y hacernos absolutamente dependientes.2
De un plumazo se intentó borrar diez mil años de construcción de saberes para poner a los suelos como sustrato muerto para el desarrollo de plantas con el aporte de nutrientes externos una vez que los del suelo se agotaran.

¿Por qué es la agricultura industrial una actividad extractivista? Es extractivista porque considera los suelos un sustrato inerte del que se extraen nutrientes (proteínas y minerales) utilizando tecnología y productos químicos (fertilizantes, pesticidas, herbicidas, fungicidas, etcétera).
Quizás la única diferencia con la minería sea que ésta se extraen minerales en forma directa y con la agricultura industrial es través un proceso biológico (el crecimiento de plantas que son los que contienen los nutrientes). Esa diferencia es bastante reducida pues los productos obtenidos con estos procesos industriales son de calidad biológica muy inferior a la los alimentos producidos por prácticas tradicionales. Todo el sistema productivo desprecia y desvaloriza los procesos biológicos cuando se trata al suelo como un simple sustrato físico y a la nutrición de las plantas como una cuestión de introducir nutrientes —vía fertilización química— cuando lo necesita su crecimiento.
Lo que en concreto define a la agricultura industrial como extractivista es la enorme cantidad de minerales y nutrientes que extrae del suelo sin ningún tipo de reposición ni compensación, destruyendo su estructura y agotándolos irremediablemente. Lo absurdo es que se asume que esto ocurrirá y el modo de “reponer” las sustancias extraídas es aplicando enormes cantidades de fertilizantes químicos que, por supuesto, son una parte más del negocio de las corporaciones agroindustriales.
La gran paradoja es que el “ciclo” de la agricultura industrial se completa incorporando fertilizantes que  a su vez deben ser extraídos del suelo (el fósforo y el potasio por minería directa) o fabricarlos del petróleo (como el nitrógeno). Ninguno de estos productos es renovable y a mediano plazo se agotarán. Pero igual de grave resulta que su uso masivo complete indefectiblemente la destrucción de los suelos.
Además, en sus impactos sobre los territorios las consecuencias son las mismas que las del extractivismo de la minería a cielo abierto: una destrucción territorial, una devastación de la biodiversidad, contaminación masiva, extracción de volúmenes inmensos de agua y contaminación de las cuencas cercanas, impacto en la salud humana y animal, destrucción de las economías regionales y nula creación de empleos para la población local.

Algunas cifras de Argentina. Estudios realizados recientemente no dejan lugar a dudas sobre el extractivismo inherente a la agricultura industrial en el caso argentino, donde este modelo domina buena parte de las tierras agrícolas del país. Un trabajo realizado desde el Instituto de Suelo del INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agrícola) en el año 20093  encontró que en la campaña 2006/07 se extrajeron 3 mil 527 millones de toneladas de nitrógeno, fósforo, potasio y azufre.
Este mismo estudio plantea que “si se analiza el balance de los nutrientes estudiado en la campaña agrícola 2006/07 desde el punto de vista económico, se observa que se han exportado alrededor de 2 mil 320 millones de toneladas de elementos en el grano, lo que representa mil 788 millones 370 mil dólares a precios de 2006 y 3 mil 309 millones 650 mil dólares a precios de 2009”.
Otro trabajo reciente4 nos muestra contundente la evolución del uso de fertilizantes con los principales nutrientes (nitrógeno, fósforo, potasio y azufre) de 1993 a 2009. En la siguiente tabla (elaborada por los autores) observamos como el mismo ha pasado aproximadamente de cien mil toneladas para cada uno de ellos a cifras que van de los ochocientos mil al millón trescientos de toneladas para el caso del azufre.
Aún así, Cruzate y sus colegas5 plantean que la “reposición” de nutrientes alcanza apenas a cubrir valores que de acuerdo a distintas investigaciones van del 34 al 41 % de los nutrientes extraídos.
Analizando algunos cultivos específicos, la expansión del monocultivo de soja transgénica resistente al herbicida glifosato en el Cono Sur de América Latina es uno de los casos extremos de imposición de la agricultura industrial en el mundo y sus impactos en toda la región están ampliamente demostrados y cuantificados. Argentina fue la “cabecera de playa” desde donde se impuso la soja en toda la región.
Es el caso más rápido de expansión de un monocultivo en la historia de la agricultura industrial: la soja transgénica comenzó a cultivarse en el año 1996 para alcanzar una superficie de 18 millones ochocientas mil hectáreas en la temporada 2011-2012. Esta superficie representa más del 55% de la superficie agrícola del país.
Este crecimiento del cultivo de soja tiene dramáticas consecuencias en cuanto a sus impactos socioambientales que están muy documentadas. Pero específicamente en referencia a la extracción de nutrientes las cifras son contundentes:
El monocultivo de soja repetido año tras año en los campos produce una intensa degradación de los suelos con una pérdida de entre 19 y 30 toneladas de suelo en función del manejo, la pendiente del suelo o el clima.6
Con cada cosecha de soja se exportan miles de toneladas de nutrientes de nuestro suelo. Según el trabajo de Adolfo Cruzate y Roberto Casas7 la soja produjo durante la temporada 2006/2007 con una producción de 47 millones 380 mil 222 toneladas una extracción de un millón 148 mil 970 toneladas 390 mil kilos de nitrógeno, 255 mil 853 toneladas 200 mil kilos de fósforo, 795 mil 987 toneladas 730 mil kilos de potasio, 123 mil 188 toneladas 580 mil kilos de calcio, 132 mil 664 toneladas 620 mil kilos de azufre, y 331 toneladas 660 mil kilos de boro.
Cada cosecha de soja que se exporta se lleva unos 42 mil quinientos millones de metros cúbicos de agua por año (datos de la temporada 2004/2005) correspondiendo 28 mil 190 millones a la pampa húmeda.8
Tengamos presente que los datos aquí presentados se refieren a los “principales nutrientes” desde el punto de vista del mismo modelo de la agricultura industrial. No se presentan los datos correspondientes a los micronutrientes (esenciales para un buen desarrollo de las plantas) ni los referidos a la calidad de la materia orgánica del suelo, que como lo hemos planteado es esencial para la agricultura.
Tampoco incorporamos el impacto de la utilización masiva de agroquímicos, en especial el glifosato que está indisolublemente ligado al cultivo de la soja transgénica, y que al igual que los tóxicos utilizados en la minería a cielo abierto tiene un enorme impacto en la destrucción de la biodiversidad, la contaminación y la salud de las comunidades que habitan los territorios ocupados por el agronegocio.

Conclusiones. La insustentabilidad de la agricultura industrial es una cuestión indiscutible y verla desde el punto de vista del extractivismo nos permite ponerle números a una práctica que de cualquier manera tiene sus principales fallas en sus fundamentos éticos, económicos y políticos. A pesar de todas las evidencias hay quienes insisten en darle nuevas “vueltas de tuerca” al modelo para mantener el status quo y mantener el control corporativo.
Algunos plantean que se debe profundizar el modelo de agricultura industrial extractivista buscando nuevas “soluciones tecnológicas” y mediante nuevos transgénicos, más agrotóxicos, aplicación masiva de fertilizantes, “solucionar” los problemas emergentes y continuar la destrucción masiva.
Una nueva vertiente, encolumnada con la propuesta de la “economía verde” que se intentó imponer en Río+20, pretende “resolver” los problemas que ocasionó la agricultura industrial con una supuesta “agricultura inteligente” que busca incorporar prácticas de cuidado de los suelos, diversidad de cultivos, agricultura orgánica, pero siempre manteniendo el control corporativo de la agricultura.
Ninguno de estos caminos resolverá los graves problemas que la contaminación, la destrucción de biodiversidad, el desplazamiento de campesinos y pueblos indígenas y la destrucción de suelos han producido en apenas cincuenta años. Estas propuestas continuarán abriendo las puertas a la especulación financiera con los alimentos e incrementarán el número de personas hambrientas en el mundo.
Desde la perspectiva de la ecología política y de la mano de los movimientos campesinos del mundo surgió la respuesta para avanzar en un verdadero cambio de rumbo: la soberanía alimentaria como marco político y una agricultura campesina con base agroecológica, como proponen desde muchos rincones del planeta. Esto ya se instrumenta buscando reemplazar definitivamente al modelo de muerte que entraña la agricultura industrial.
Reencontrarnos con la agricultura como arte, como camino para la fructificación, y como base de la cultura de nuestros pueblos es un desafío clave para la humanidad. Cuidar los suelos, alimentarlos incorporándoles materia orgánica y diversificando cultivos, es la gran oportunidad para enfrentar los desafíos que las múltiples crisis que nos plantean.

Fuente: http://www.grain.org/article/entries/4643-extractivismo-y-agricultura-industrial-o-como-convertir-suelos-fertiles-en-territorios-mineros

"Algunas corroboraciones tristes de una historia en espiral"

12 de febrero de 2014


Jorge Eduardo Rulli y Maximiliano Mendoza
Grupo de Reflexión Rural (GRR)

En el año 2002 escribíamos como Grupo de Reflexión Rural y en diálogo con nuestro compañero Ignacio Lewkowicz, lo siguiente: “La soja, el sistema de la soja, no es el de la oligarquía tradicional. La lucha contra el sistema de la soja es una forma local del conflicto antiglobal; pues la hegemonía absoluta de la soja es una forma local específica del crecimiento global. Lo que importa es que los núcleos de poder neoliberal varían del sistema oligárquico tradicional al sistema que se construye en torno de la soja. La nueva división global del trabajo nos convierte de “granero del mundo” en “forrajeros del mundo”. Por otra parte, añadíamos, “desde el punto de vista de la oligarquía tradicional, se ve que, pese a toda la inteligencia o astucia puesta en juego, ese sistema oligárquico ya no es funcional al sistema global. Por supuesto que los mismos apellidos aparecerán ahora en los consorcios de las empresas; pero los modos de ejercicio del poder, los modos de ejercicio de la dominación, los núcleos a partir de los cuales se fijan, varían. Así, por más que se trate del mismo conjunto de individuos, no es la misma la lógica social que se despliega para afirmar su dominio.”

Todo -o casi todo- lo que entonces afirmábamos, podríamos reafirmarlo hoy, doce años después, con la certeza de que sus contenidos mantienen plena vigencia y que fueron anticipatorios. Los años transcurridos, lamentablemente, nos han dado suficiente razón, y además han puesto en evidencia las peligrosas derivas de pensamiento y acciones políticas de todos aquellos que, desde miradas sesgadas y ancladas en los años setenta, se negaron considerar las nuevas ecuaciones de la globalización y la nueva configuración del poder en nuestro país, así como se negaron a la necesidad de reflexionar sobre sus anteriores experiencias y, sobre todo, se negaron rotundamente a las propuestas de abrir debates políticos que permitieran cerrar los enormes fracasos que arrastraban consigo, para de esa manera, no volver a repetirlos, algo que en cierta medida ha ocurrido a lo largo de todos estos años.

Una Nomenklatura[1] al estilo argentino
A principios de la década pasada empezó a hacerse notoria la emergencia de una nueva clase dominante, producto de la profundización de un nuevo esquema productivo primario-exportador, impulsado por el Estado, el capital transnacional y sus socios locales, y caracterizado por su profunda dependencia de los mercados globales. Una nueva oligarquía vinculada a un modelo de país proveedor de materias primas que, además de la sojización del territorio, se complementa con la megaminería, el fracking, el monocultivo de árboles y otros proyectos extractivos hegemonizados por importantes corporaciones transnacionales.
Esta nueva oligarquía instaló su protagonismo de manera sigilosa. Una oligarquía distante de la otrora “oligarquía vacuna” que se impusiera al país en las postrimerías del siglo XIX, a instancias del entonces presidente Julio A. Roca.
Este sector, que tenía en la Sociedad Rural Argentina (SRA) su representación más genuina, conduciría -con breves interregnos- los destinos de la Argentina durante buena parte del siglo XX.

Pero la irrupción histórica de esta nueva oligarquía no-terrateniente (es decir, una oligarquía que no basa su poderío económico en la propiedad sino en el uso de la tierra) configura un hecho decisivo que, pocos se han atrevido a analizar. La ligazón que establece el modelo sojero entre el capital financiero y la investigación científico-técnica, transformó profundamente el esquema de producción agraria y redefinió las relaciones de poder. Basta recordar algunas de las definiciones de uno de los mayores exponentes de este nuevo sector, Gustavo Grobocopatel[2]: “Soy agricultor y no tengo tierras, tampoco tengo tractores ni cosechadoras. Y esta es la mayor innovación del país. En Argentina, a diferencia del mundo, hoy no tenés que ser hijo de un chacarero o un estanciero para ser agricultor. Tenés una buena idea y tenés plata, vas, alquilás un campo, y sos agricultor Soy agricultor y no tengo tierras, tampoco tengo tractores ni cosechadoras. Y esta es la mayor innovación del país. En Argentina, a diferencia del mundo, hoy no tenés que ser hijo de un chacarero o un estanciero para ser agricultor. Tenés una buena idea y tenés plata, vas, alquilás un campo, y sos agricultor. Este es un proceso extraordinario y democrático del acceso a la tierra, donde la propiedad de la tierra no importa; lo que importa es la propiedad del conocimiento”.

Es evidente que esta nueva oligarquía no pertenece al universo de las llamadas “familias patricias”. Su genealogía entronca con la inmigración europea (y otras corrientes inmigratorias) de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, todas caracterizadas por un humilde origen social. Hoy, muchos de sus descendientes lograron sus fortunas a partir de una relación prebendaria con el Estado, otros tuvieron importantes relaciones con el aparato financiero del Partido Comunista de la Argentina, y otros han aprovechado sus relaciones político-económicas con los Estados Unidos, con el Estado de Israel y con organismos como el Consejo de las Américas, el Congreso Judío Mundial, el Club Bilderberg, y otros.

Aceptar esta realidad, implica un cambio de conciencia y una comprensión de los nuevos desafíos que nos plantea la globalización. Se trata, en definitiva, de saber reconocer no tanto el enemigo al que debemos enfrentar, sino de reconocer el problema que tenemos por delante y que debemos resolver, para sí luego identificar a sus responsables. Lamentablemente, el kirchnerismo y sus acólitos de izquierda, junto a buena parte de los activistas e intelectuales provenientes del llamado peronismo revolucionario de los años setenta, no sólo se negaron a reconocer a esta nueva clase dominante como oligarquía sino que, por el contrario, se apoyaron en ella, respaldaron muchas de sus demandas, hicieron propia buena parte de sus discursos modernizantes -sobre todo en lo concerniente al valor de las tecnologías de punta y al poder del conocimiento- y montaron sobre estas bases materiales una narrativa épica rayana en lo grotesco.

Durante años hemos presenciado constantes demandas en favor de los pueblos indígenas que fueran víctimas de la Campaña del Desierto[3], e incluso se gestaron importantes movimientos de ciudadanía para que se quitara la estatua del ex presidente Julio Argentino Roca del lugar donde se encuentra emplazada (en la Av. Diagonal Sur de la Ciudad de Buenos Aires). No apuntamos a la justicia o no de estas reivindicaciones -que, sin lugar a dudas, requieren un juicio de la historia-, sino que enfatizamos la instrumentación maliciosa de este tipo de demandas que, a lo largo de la década pasada, resultaron totalmente funcionales al propósito oficial de confrontar con la ya casi exánime vieja oligarquía, con el objetivo de continuar invisibilizando a los nuevos dueños del poder[4]. El mismo rol distractivo y a la vez desorientador, ha jugado el prolongado litigio por quitar la estatua de Cristóbal Colón de las cercanías de la Casa de gobierno. El progresismo imperante y la nueva oligarquía globalizada necesitan desprenderse de los atributos estéticos e históricos que configuraban el poder de sus antecesores, y exigen nuevas modalidades discursivas que rinden tributo a los jirones de banderas y memorias populares, de las que se sirven con total impudicia en la actualidad.
Hoy, la dirigencia política progresista -tal como en un management político- gobierna a nombre e interés de sus verdaderos amos, como virtuales gerentes de una empresa llamada Argentina. Pero dada la necesidad de ocultar este tipo de servilismo globalizado, se recurre desesperadamente a los simulacros, las puestas en escena necesarias para llevar adelante los proyectos del capitalismo global en nombre de la revolución social. Esos simulacros grotescos exhiben hoy a un gobierno supuestamente peronista -o que supera al antiguo peronismo por izquierda, tal como afirman algunos de sus presuntos filósofos-, que impulsa una devaluación solicitada por quienes detentan el control del capital financiero y el comercio exterior en nombre de la “soberanía”, y que además, cuenta con un ministro de Economía “marxista” que aplica un ajuste económico ortodoxo celebrado por todo el establishment.
No obstante sus caracteres pesadillescos, las tensiones que establece el camporismo progresista en función de sus relatos encubridores, no van mucho más allá de litigar el nombre de las calles, la ubicación de alguna estatua, el de “escrachar” a algún supermercadista por abusivo o propagandizar los temas de género y de discriminación a nivel puramente discursivo. Se trata siempre de centrar la atención en lo accesorio, y de encubrir o distraernos de lo realmente importante.

Cuando en la Argentina se “descubre” la existencia de Eduardo Elsztain
Los rasgos más groseros o patéticos de estos dobles discursos, entreverados de ignorancia y de apuestas por la modernidad y el crecimiento, ocurrieron en el 2008, cuando durante la llamada “crisis del campo”, Néstor Kirchner convocaba a luchar contra la oligarquía representada por la Mesa de Enlace[5], nada menos que, desde las oficinas que a esos efectos le prestaba el mismísimo Eduardo Elsztain, en el exclusivo barrio de Puerto Madero.
Elsztain, probablemente sea la mayor fortuna de la Argentina: es propietario de IRSA Inversiones y Representaciones S.A., la corporación inmobiliaria más grande del país; también es propietario de CRESUD, compañía agropecuaria que maneja más de un millón de hectáreas en el Cono Sur; y controla el Banco Hipotecario, adquirido durante el menemato gracias a los fondos facilitados por el multimillonario George Soros[6].
Elsztain también es dueño de los shoppings más grandes del país, y posee varios hoteles de lujo y edificios inteligentes, tales como el Hotel Intercontinental y el edificio Bouchard Plaza, sede de Microsoft Argentina[7], ambos emplazados en la Ciudad de Buenos Aires. Asimismo cuenta con muchos vínculos entre grupos más poderosos del capitalismo global: forma parte del directorio de la Fundación Endeavor en Argentina, es un miembro prominente del Congreso Judío Mundial y además integra el Comité Asesor Internacional de la Presidencia del Consejo de las Américas, representada esta última por David Rockefeller.
A pesar de su enorme poderío económico y su capacidad de influencia en el ámbito político, Eduardo Elsztain se caracteriza por un marcado perfil bajo. Es mucho más probable que en lo concerniente a la llamada “Crisis del Campo”, el público recuerde apellidos como Biolcati, Buzzi o De Ángeli, mientras que la nueva oligarquía que se consolidaba a partir del paro agrario de 2008, y que se proyectaba además, como clase dominante sobre los países limítrofes del Cono sur, prácticamente pasó desapercibida para oficialistas y opositores: Al tiempo que las rutas del país estaban cortadas por piquetes respaldados por la Mesa de Enlace y la soja transgénica producida localmente no llegaba a embarcarse, otros como Elsztain ganaban fortunas aprovechando el momento para exportar y procesar la soja transgénica producida en países limítrofes (Paraguay, Bolivia y Brasil) a través de los puertos argentinos.

Eduardo Elsztain fue durante casi diez años el dueño invisibilizado del país, contando además con la protección política de organismos como la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) y el Centro Simon Wiesenthal, instituciones que ante el menor esbozo de una crítica a su poderío económico, asumen de inmediato que se está en presencia de un acto de “antisemitismo”, y proceden a denunciarlo públicamente. Recién en el año 2012, y a raíz de la cesión de tierras públicas en favor de IRSA para facilitar sus “emprendimientos inmobiliarios” y la construcción ilegal de un nuevo shopping en el barrio de Palermo (“Distrito Arcos”)[8], se generó una cierta resistencia ciudadana, que puso por vez primera el nombre del personaje en el espacio público. Con la pegatina de afiches callejeros  denunciando la apropiación ilegal del espacio público en beneficio de IRSA, el nombre de Eduardo Elsztain aparecía por vez primera asociado con negociados prebendarios. Cabe recordar que por estas acciones, tanto la CAME como la FECOBA fueron repudiadas por la DAIA y el Centro Wiesenthal por sus “mensajes discriminatorios”, “consignas estigmatizantes” y por supuesto, “odio antisemita”.

A poco se dieron, también, los escándalos del llamado pacto PRO-K en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires; un pacto que, entre otras cosas, se caracterizó gracias a un megaproyecto impulsado por el gobierno nacional para la construcción de un “Polo Audiovisual” en Isla De Marchi y la rezonificación de los terrenos de la ex Ciudad Deportiva de Boca Juniors, con la irritante finalidad de implementar un viejo proyecto de IRSA: construir en la zona un barrio de lujo de altísimo nivel denominado Solares de Santa María[9] (la llamada “Dubai” del Costanera sur). Ambos proyectos fueron suspendidos gracias a la acción de diversas organizaciones que protestaron durante las sesiones y audiencias públicas.

De esta manera, los argentinos se anoticiaban -a raíz de situaciones absolutamente urbanas, vinculadas con el comercio, la especulación inmobiliaria y el conflicto por el espacio público- de la existencia y el poder de uno de los hombres que, diez años antes, denunciábamos desde el GRR y desde el programa Horizonte Sur en la Radio Nacional, como uno de los principales dueños del país.



Cuando descubrimos que el imperio en ascenso cuenta con sus propias legiones de cipayos.

 

Volvamos ahora a ese país dependiente, primarizado, centrado en la producción de transgénicos, y recordemos que estos nuevos procesos extractivos de agriculturización industrial destinados a sostener la exportación masiva de commodities, tienen su origen en dos situaciones configuradas por la globalización: Por una parte, la enorme deuda externa que nos dejaron como legado las dictaduras militares en los años setenta y sus requerimientos crecientes de divisas; y por otra, la emergencia a fines de los años ’90 del coloso chino y su insaciable necesidad de materias primas para poder establecerse como la fábrica del mundo. Es decir; no podríamos comprender la reprimarización de nuestras economías a escala latinoamericana si no tuviésemos en cuenta el decisivo rol neocolonizador de la potencia asiática y de las hegemónicas relaciones que estableció en el continente.
Debemos, asimismo –con mucha tristeza y vergüenza- indagar en las probables razones por las que como pueblo, aceptamos casi alegremente y sin mayores protestas, convertirnos en un enclave de producción de soja transgénica para el gigante chino. Más todavía, deberíamos decir que no fueron precisamente las corporaciones transnacionales las que desplegaron este modelo agro-biotecnológico, sino que fueron más bien sectores provenientes de la izquierda setentista, muchos de ellos llegados del exilio y/o provenientes de las filas del Partido Comunista, los que diseñaron e impulsaron el modelo de los Agronegocios en nuestro país[10]. Las corporaciones, desde luego, no demoraron en aprovechar esas favorables circunstancias en las que la intervención de cuadros científicos y técnicos del campo de la biotecnología vegetal -provenientes de la izquierda tradicional- fue fundamental para abrir las puertas a las empresas transnacionales, persuadidos de que era preciso darles protagonismo en el desarrollo de las fuerzas productivas del país.
Indagar en los orígenes de este equívoco aberrante, tal el de confundir a las subsidiarias locales de las empresas transnacionales con la burguesía nacional, puede conducirnos a debates que escapan a este trabajo y que pueden tener que ver tanto con el marxismo mismo, como con la manera de asimilarlo por parte de nuestra inteligentzia progresista. Lo que sí podemos aseverar es que ellos no estuvieron solos. A lo largo de esos años, que fueron los años de la instalación del modelo agro-biotecnológico (las postrimerías del menemato y durante el gobierno de la Alianza), nada de lo concerniente a la agricultura industrial, al uso de semillas transgénicas y la justificación política de las actuales relaciones de dependencia con China, fue impulsado sin el respaldo de la izquierda tradicional. Baste como prueba las encendidas palabras pronunciadas por Fidel Castro en 2001, en el peor momento de la Argentina, respaldando el cultivo de “soya” transgénica en nuestro país[11].

El estímulo al mercado interno no apunta a la Justicia Social, sino a enriquecer a Carrefour y al Shopping de Alto Palermo
Algunos exponentes velados del oficialismo, aún reconociendo el tremendo peso colonizador del modelo extractivo -y en particular de la agroexportación- rescatan la intención progresista de estimular, mediante planes sociales y subsidios, un aparente mercado interno que remedaría en cierta medida a los antiguos Estados de Bienestar propios de la última posguerra. Pretenden hacernos olvidar que el modelo que ahora denominan “nacional y popular” se instalaba en los años noventa combinando la industrialización de alimentos con la agricultura química y la biotecnología. Pretenden hacernos olvidar que el modelo de los Agronegocios incluía la constitución de cadenas agroalimentarias y las integraciones verticales de empresas, tanto en la producción industrial de animales, como así también en el creciente supermercadismo.
El asistencialismo bancarizado y la estimulación al consumo que estimuló el progresismo a lo largo de la llamada “Década Ganada”, ha sido un componente indispensable dentro de los marcos de un mismo modelo: La sojización, el despoblamiento del campo y la concentración compulsiva de población en los inmensos conurbanos de pobreza, donde quedan reducidos a clientela obligada del asistencialismo y del consumo de comida chatarra.
Tampoco olvidemos que el coloso chino pretende constituirse como la fábrica del mundo, puesto que, además de requerir materias primas de forma insaciable, necesita colocar los productos masivos de su industria en localizaciones específicas. Esto significa que la expansión del nuevo colonialismo globalizado necesita ir abriendo cada vez más mercados locales, más áreas de consumo masivo para colocar sus productos. El mercado global que China pretende hegemonizar definitivamente será el resultado del dominio que ejerza en mercados locales, regionales y continentales.

Cuando fuimos globalizados, pero no quisimos darnos por enterados
La obstinación por parte de ciertos sectores en desconocer las particularidades de la globalización, sumado al intento infructuoso de comprender estos fenómenos complejos desde miradas sesgadas o fragmentadoras la realidad, condujeron a situaciones paradojales y hasta escandalosas. Tal cosa ocurre cuando, desde posiciones de izquierda y pretendiendo hacer uso del marxismo, algunos pícaros arguyen que la correlación de fuerzas que requeriría el gobierno para darle batalla a las corporaciones actualmente no resulta suficiente. Para justificar este razonamiento, añaden que mientras esperan por ese respaldo popular, es preciso reconocer estas etapas intermedias como partes necesarias de un proceso general. Se recurre al argumento de que no existen otras alternativas de poder, o bien se reconoce que existen otras, pero que son peores y es necesario optar por el “mal menor”, convalidando las decisiones más degradantes tomadas por el gobierno nacional. Lo que algunos dan en llamar “asignaturas pendientes”, cuando reconocen un problema en la sojización, la megaminería o el fracking, y no son capaces de admitir que en realidad esas “asignaturas pendientes” son más bien los núcleos duros del modelo kirchnerista, sin los cuales inclusive el kirchnerismo no podría ser lo que es.
No faltan igualmente los astutos que, a propósito de estas situaciones, nos recuerdan que lo mejor es enemigo de lo bueno, un acierto peroniano que muchos no supieron respetar ni acatar en su momento y que ahora, con dejos de conciencia culposa, aplican a destiempo. La consecuencia de estos razonamientos anacrónicos se ponen de manifiesto en una parcialización de la realidad: Muchos pretenden destacar como logros importantes las medidas sociales del Gobierno, tales como la Asignación Universal por Hijo (AUH) o la extensión a muchas capas de la población desprotegida del derecho a una pensión o jubilación mínima, como si acaso ellas fueran independientes del sometimiento nacional a un complejo sojero-minero-exportador hegemonizado por corporaciones transnacionales. No son capaces de admitir -y mucho menos de problematizar- que la AUH es una versión local de un sinnúmero de planes similares impulsados y financiados por el Banco Mundial para la región, o que el Banco Hipotecario controlado por Eduardo Elsztain hará un gran negocio como fiduciario del plan Pro.Cre.Ar financiado por el ANSES. Vale decir, con el dinero de los propios jubilados.
Las réplicas de estos modelos a lo largo de América Latina, modelos en que las nuevas dependencias se complementan con políticas asistenciales, son impulsadas por gobiernos vinculados a un pensamiento progresista y modernizante. Estas notas comunes comprueban que no estamos ante una situación excepcional, sino que asistimos a un proceso de nuevas colonialidades perfectamente armonizadas con la globalización.
Actualmente, la ralentización del crecimiento económico del coloso chino se traduce en las crisis de los llamados “países emergentes”, tal vez como un preanuncio de la finalización de una época en la que los altos precios internacionales de los commodities bastaban para que la Argentina se esperanzara con mantener un ingreso permanente de divisas para financiar, entre otras cosas, un ilusorio “desarrollo industrial con sustitución de importaciones” (básicamente un complejo productivo con cero valor agregado, explicado fundamentalmente por una industria automotriz transnacional dependiente casi en su totalidad de insumos importados, y en las terminales de ensamblaje radicadas en Tierra del Fuego).
Durante diez años reiteramos, en diversos escritos, los enormes riesgos que suponía mantener una economía dependiente en términos casi absolutos de la exportación de soja transgénica, sumado a la debilidad estructural de tener, además, relaciones de intercambio asimilables al esquema centro-periferia, en donde un mercado imperialista compra nuestras materias primas a la vez que nos abastece de manufacturas industriales en casi todos los rubros… hasta de clavos y tornillos. Ahora pagamos las consecuencias. China se estremece y la Argentina siente que está al punto del colapso. Para colmo, la embriaguez de la fiesta de la soja nos permitió olvidar alegremente durante diez años la inmensa deuda externa, cuyos vencimientos ahora nos agobian y es preciso hacer todo lo posible para conseguir divisas.

Cuando los antiguos ropajes y las tragedias devienen en farsa y grotesco
Las memorias de esa revolución que expresó el peronismo, fueron quebrantadas a través de diversos instrumentos políticos, económicos y culturales. La represión desatada a partir del golpe militar de 1955, sumada a la ilusión desarrollista del frigerismo-frondizismo, los extravíos y los desgarramientos de los años setenta, el feroz disciplinamiento social de la última dictadura militar a partir del horror institucionalizado y más tarde, por las aberraciones perpetradas por el menemismo y en la actualidad, por la sofisticada tergiversación histórica operada por el kirchnerismo, contribuyeron a una dislocación generalizada de las memorias populares, proceso que facilitó el camino para un uso abusivo de dicho acervo simbólico para la aceptación de un nuevo modelo de colonialidad.
Más allá de esta esquemática interpretación, está claro que gracias a esta secuencia ininterrumpida de procesos políticos que hicieron de la Argentina nuevamente un país colonial, la empresa tergiversadora de la intelligentzia tuvo el camino libre para emprender sus campañas contra los sentidos genuinos de la liberación nacional. Actualmente en la Argentina, la fascinación por los modelos neodesarrollistas impulsados por el progresismo latinoamericano, redundó localmente en el retroceso del posperonismo a formas retrógradas propias del desarrollismo de los años ’60. Sin ir más lejos, en varios escritos hemos expuesto largamente acerca de cómo, la reivindicación constante que se realiza de la figura de John William Cooke, primero como respaldo a Frondizi y luego como hombre de la revolución cubana, así como en el desmedido énfasis que se suele imprimir al rol desempeñado por F.O.R.J.A. en los orígenes del peronismo. Ambos ejemplos contribuyen a la justificación histórica de este nuevo desarrollismo, respaldado por una progresía burguesa que convoca a las más diversas extracciones políticas.
No podríamos dejar de señalar -con enorme pena- cuánto ha pesado en este afán justificatorio, en el arte de montar falsas antinomias y en la elaboración de escenarios de cartón pintado, el rol de los intelectuales oficialistas que se reúnen en la Biblioteca Nacional. Esta institución ha devenido, por obra y gracia de antiguos compañeros, en una gran fábrica de relatos y usina de los simulacros encubridores de las nuevas dependencias. Si a estos extravíos, agachadas y desmemorias de muchos exponentes de viejas militancias, le sumamos los propios extravíos del pensamiento de una izquierda tradicional -puesto gravemente en examen frente a la crisis de la modernidad y del cambio climático- todavía incapaz por otra parte, de escapar de los esquemas emancipatorios decimonónicos, lo que obtendremos son las razones principales que explican la extendida servidumbre de las militancias partidarias al modelo neocolonial y las causas de la indefensión generalizada de nuestro Pueblo.
En medio de las zozobras de la sociedad argentina, enfrentada, como en un carrusel a la repetición cíclica y dramática de situaciones similarmente penosas, no faltan los militantes e intelectuales funcionales al sistema que nos sorprenden al descubrir recién ahora, el inmenso poder de los exportadores, y alzan sus voces reclamando medidas de gobierno que pongan control sobre la hemorragia constante de divisas que sufrimos. Necios y tardíos cacareos de ese gallinero de escribas que tienen su refugio en la Biblioteca Nacional.
Durante años ignoraron la globalización y desconocieron a las empresas transnacionales que, como Cargill, Bunge, ADM, Dreyfus, Nidera, Toepfer, Noble, Vicentín, Aceitera Gral. Deheza, Molinos Río de la Plata, Louis Dreyfus, entre otras, controlaron las exportaciones y procedieron con absoluta impunidad y sin controles estatales[12], tal como reiteradamente denunciara hasta su muerte nuestro amigo Julio Nudler, en Página 12. Incluimos en esas denuncias una famosa nota del año 2004 intitulada “De Títeres y Titiriteros”[13] en la que, este olvidado pero meritorio periodista, develaba la sistemática acción de destrucción y vaciamiento de los organismos de control del Estado que llevaban adelante los hombres de Néstor Kirchner. Justamente, ello motivó que dicha nota, fuera escandalosamente censurada por el entonces director del diario oficialista, Ernesto Tiffenberg[14].
De la misma forma, esos “intelectuales orgánicos” que durante años nos insinuaron que la Asignación Universal por Hijo (AUH) y las jubilaciones extendidas anticipaban de alguna manera el socialismo que nos habían prometido como generación maravillosa, ahora impulsan desde el Estado campañas contra personajes secundarios de algunas de las empresas que participan del modelo. Al igual que durante la crisis desatada por la resolución 125 en 2008[15], están cubriendo las apariencias con un nuevo y desvergonzado simulacro; simulacro que, en definitiva, no hace sino tratar de legitimar la continuidad del sistema de los Agronegocios, más allá del recambio de gobierno en el 2015.

Cuando la realidad es como un clavo ardiendo
El modelo agro-minero-exportador asistencializado y legitimado por narrativas de izquierda ha llegado a un punto crítico y hace agua. Ya tenemos unas 25 millones de hectáreas de cultivos transgénicos y un acelerado deterioro de los suelos, así como una suba importante de los insumos y una notoria estrechez de los márgenes de ganancia para los productores del campo. Esa situación difícilmente podrá revertirse ya que mientras el precio de los insumos sube, el de las commodities tiende a estancarse o a descender. En realidad, la crisis no la sufrimos solamente nosotros, sino que alcanza a todos los llamados países emergentes, países que se ataron al gigante asiático, que concentraron su esfuerzo en la producción de uno o dos productos de exportación y abandonaron toda esperanza en desarrollos autónomos. China pareciera haber alcanzado un techo en su crecimiento, esa situación es tal vez irreversible, en especial teniendo en cuenta los terribles Cambios Climáticos que se sucederán a consecuencia de haberse sobrepasado en la atmósfera planetaria las 400 ppm de CO2 , y deja en situación comprometida a los países que apostaron su destino a una sola carta.

Recuerdos del futuro
Quisiéramos terminar este escrito, haciendo referencia compasiva y solidaria, a los millones de hombres y mujeres que, en este proceso y bajo patrones de pensamiento cerradamente urbanos y modernizantes, fueron compulsivamente desarraigados de los lugares en que vivían y obligados a emigrar a las grandes ciudades. Millones de seres desempleados por un modelo de agricultura industrial que desechaba mano de obra y que requería inmensos territorios vacíos de población, devinieron seres desolados en la más pura acepción castellana del vocablo. Poblaciones que tuvieron que emigrar por desempleo, por haber sido expulsados de los campos en que vivían, o por motivos tales como las fumigaciones constantes y la contaminación de territorios que conllevó el que muchos parajes se convirtiesen en prácticamente inhabitables.
La proyección de la nueva oligarquía sobre los países vecinos del Cono Sur y el contrabando de semillas de Monsanto a través de las fronteras, los sumó al gran proyecto de la República Unida de la Soja, proyecto que nos proponía hace años desvergonzadamente, la empresa Syngenta[16]. Se añadieron de esa manera, nuevas e innumerables legiones de desocupados y desarraigados latinoamericanos a nuestros conurbanos, hasta convertirlos en las actuales inmensas periferias de pobreza e indigencia. Por un lado, tenemos paisajes devastados, territorios desertizados, profundamente deforestados, con una monstruosa pérdida de la biodiversidad; y por la otra, poblaciones desoladas, hacinadas en megalópolis, condenadas a vivir entre inundaciones y deshechos tóxicos. No son impactos colaterales como muchos tecnócratas repiten con evidente ánimo exculpatorio; son, por el contrario, consecuencias perfectamente previsibles de las decisiones tomadas por la dirigencia política para favorecer a las corporaciones transnacionales; consecuencias que deberían al menos haber sospechado. Esta es la terrible realidad que nos deja un modelo que está llegando a su consumación, y en la que todos quedamos expuestos al colapso.
Debemos, tomar conciencia del camino recorrido y de la necesidad imprescindible de apostar por cambios radicales. La sojización amenaza sencillamente dejarnos sin país y sin suelos aptos para cultivar nuestros alimentos. Pero estas realidades que para muchos desvelados todavía forman parte del terreno de las abstracciones, son en cambio el infierno de cada día para millones de seres humanos urbanizados de forma compulsiva, una encerrona en la que están cautivos y sin mayores esperanzas. Rehenes de los diversos punteros y grupos sociales (kirchneristas, filokirchneristas, antikirchneristas y de la izquierda funcional), están obligados a la servidumbre de participar en actos políticos y piquetes, a cambio de planes sociales o, en el peor de los casos, de bolsones de comida.
Las periferias urbanas son el lugar donde los aparatos represivos y las mafias coinciden y se coaligan para generar negociados basados en la explotación de mano de obra barata, esclava o infantil, como el narcotráfico, la trata de personas y la prostitución generalizada. Otros casos dan cuenta de muchos territorios que son paulatinamente ocupadas por el poder narco que desplaza poco a poco a la policía de su empresa criminal. Para los peri urbanizados y para sus hijos queda tan sólo la marihuana fermentada con tóxicos para las plagas que les enferma los pulmones, o directamente el paco que les quema el cerebro. Las cocinas de la droga se mueven a su antojo por esas periferias desoladas y para muchos, alquilarles el rancho por unas horas puede significar la diferencia entre comer o no comer durante varios días.
El asistencialismo y el clientelismo han hecho estragos en el campo de la cultura y de los mecanismos para la supervivencia. Condenados a vivir en un contexto de egoísmo extremo, los desplazados deben sobrevivir en el más puro desamparo, en muchos casos renegando de sus propias identidades culturales para asimilarse a una identidad urbana atravesada por los valores de la sociedad de consumo. Deben renegar de una cultura que implicaba reconocimientos y reciprocidades, pero que por sobre todas las cosas implicaba un suelo dónde arraigarse para vivir en comunidad. Para peor, se les priva de muchos de los recursos de que disponían naturalmente para sobrevivir en situaciones difíciles: algunos municipios del gran Buenos Aires –varios de los cuales continúan siendo semirurales- se empeñan en imponer numerosas prohibiciones de carácter urbano-consumista en las periferias, donde ya no permiten ni siquiera tener un pequeño gallinero o un lechón para engorde. La dirigencia política parece empeñada en consolidar una urbanización total, extendiendo el desamparo de todos, aunque ello signifique condenarlos al hambre. Parecen decididos a borrar todos los relictos de vida autónoma o campesina que pudieran pervivir en las barriadas. Confían en la militancia rentada y en las organizaciones sociales para contener posibles estallidos, que en otras circunstancias habrían sido inevitables.
Intuimos que en el porvenir se debatirá una tensión entre los hombres y mujeres acorralados, que pugnarán por liberarse del aprisionamiento de los aparatos clientelares. Porque a diferencia de otras épocas, el concepto de revolución ya casi nada expresa y, a pesar de nuestros desvelos, no hemos podido insuflarle otros contenidos que modifiquen las generalizadas perspectivas de factura eurocéntrica sobre el poder, la racionalidad y el control de poblaciones. Desde la muerte de Juan Perón, sin duda han sido los sectores medios los que han luchado por apropiarse del destino común de los argentinos. La incógnita, desde entonces, ha sido la de saber si esos sectores medios o las organizaciones que los expresaban, podrían llegar a ser los artífices de ese destino tan deseado, tal como en otras épocas lo fueron los caudillos y lo fuera Perón en la posguerra. Bajo diversas banderas y discursos, los intentos se han repetido una y otra vez, a lo largo de la historia contemporánea… inútilmente. Desde la Plaza de Lonardi a la de los Montoneros; desde el menemismo y Chacho Álvarez hasta Néstor y Cristina, toda la partidocracia clasemediera ha operado como una maquinaria hegemónica de desclasamiento y desmemoria. Pero nunca como en estas épocas aciagas, estos sectores habían conseguido un desmantelamiento tan profundo de las resistencias; nunca como ahora lograron tanta parálisis en los sectores populares. Todo porvenir se hace por ello, totalmente incierto y es probable que continuemos dando vueltas en el gastado carrusel de los relatos y de los ensueños del poder de los sectores medios.
A los vencidos, al pueblo llano que alguna vez fuera grasita o descamisado, le queda siempre y por supuesto, probar el antiguo camino de la Rebelión, camino en el que se trataría de recuperar -como tantas otras veces en la historia- la propia y secuestrada humanidad, para ir una vez más detrás de aspiraciones de justicia y de felicidad en comunidad. Ahora, y como pocas veces antes, es realmente poco lo que tienen para perder. Lo que no sabemos todavía, es si acaso les han dejado las fuerzas suficientes como para que vuelvan a soñar esos sueños, y puedan quebrantar el desaliento y la malla de contención que hoy los encierra.
Notas: [1] Me permito denominar “Nomenklatura” a esta nueva oligarquía por sus semejanzas con la plutocracia rusa post-soviética, que por una parte se adueña de las empresas –de las que fueron funcionarios o testaferros- y que por la otra, crece como oligarquía prebendaria a costa del Estado. Este caso en la Argentina fue denominado de distintas maneras: “Patria Contratista”, “Capitalismo de Amigos”, etc.